Es una de las cosas que más me ha sorprendido de la maternidad y no me refiero a que no supiera que el primer mes de vida e incluso el segundo, mi bebé no fuera a tener despertares nocturnos (teta, cambios de pañal, etc), sino a que después de un año y posiblemente de dos y tres, estos despertares que yo pensaba que desaparecerían en breve, iban a acontinuar durante muuuuucho tiempo incluso a empeorar . Hasta me regalaron un libro estando embarazada sobre el sueño del bebé (método Stivill (buajjjjjjj)), y recuerdo que en su día no le presté la más mínima atención pensando en que podría aguantar un par de meses perfectamente sin dormir 8 horas seguidas. Bueno, hoy en día si llego a saber de ante mano de qué iba ese libro, arde en la hoguera.
Cuatro meses después en los que Laura continuaba despertándose cada dos o tres horas, a veces incluso a cada hora, empecé a deborar libros sobre el sueño infantil pensando que algo no iba bien.
Y es que cuando durante toda la vida has oído que los bebés de todo el mundo duermen prácticamente del tirón sobre el tercer mes, te crees que el tuyo será igual. Y yo me preguntaba ¿Qué hace la gente con su hijo para que algo tan normal como es el despertar nocturno, no se produzca? Pues ahí está la cuestión, que sí se produce. En todos y cada uno de ellos.
Sí, debe haber un mínimo porcentaje que ha tenido la suerte de que su bebé duerma 10 horas seguidas desde el primer día, y se vuelva a dormir solito cada vez que se produce ese microdespertar, pero eso no es lo que abunda, porque simplemente va contra la naturaleza.
Una vez leí de Carlos González que comentaba que si todos los niños hubiesen dormido así de bien, ahora mismo posiblemente yo no estaría escribiendo esto, puesto que cualquier bicho de la selva se habría comido a cualquier bebé que no se hubiera despertado a menudo y llorado al ver que su madre no estaba a su lado. El ser humano se habría extiguido.
Y aunque pensar en eso no me consolaba a las 5h de la mañana cuando Laura decidía que ya no se dormía más, es cierto que sí me hace llevarlo mejor el pensar que es algo normal.
Por supuesto estarán los padres (espero que también sea un porcentaje mínimo) que han utilizado el método Stivill. Esos que creen que sus hijos duermen bien, pero en realidad han aprendido a llorar en silencio. En fin...
Por otro lado están los pobres bebés que por las razones que sea no han visto una teta en su vida. Estos se despiertan, cogen el chupete si se les ha caído y a seguir durmiendo. No echas de menos lo que no has conocido.
Laura lleva casi 13 meses sin dormir una sola noche del tirón, y yo con ella (parece que me estoy presentando en un centro de "insomnes anónimos"). Hubo un tiempo que pensé que este ritmo no lo aguantaría mucho tiempo (de hecho alguna neurona me he dejado por el camino). Es más, hubo un tiempo en el que pensé que esto de no dormir por las noches a mi nunca me iba a pasar. Algún día hablaré de mis "yo nunca..." pero este desde luego me ha dado en toda la fente.
Y ¿entonces? ¿qué me ha hecho cambiar de opinión? ¿qué me ha hecho relativizarlo todo y no morir en el intento?
Pues una vez más, mirar a la cara de ese tesorito y darme cuenta de lo felíz que es dejándole ser lo que es, un bebé de mucha demanda que sólo busca el contacto contínuo con su madre para poder dormir.
Saber que el tiempo pasa volando, que ya tiene un añito y que cuando me quiera dar cuenta estaré echando de menos sentirla acurrucarse a mi lado (o encima de mí) y notar como palpa con su manita para saber que sigo ahí y continuar durmiendo.
Hacerle sentir, en definitiva, que SIEMPRE me tendrá ahí. Por supuesto para lo bueno, pero sobre todo, para lo malo...

Joder, gordi, ¡qué bonito!
ResponderEliminarUn besote ;)
Madre mía, yo es que no aprendo... Para el próximo post intentaré coger primero una caja de pañuelos!
ResponderEliminarMadre mía, yo es que no aprendo... Para el próximo post intentaré coger primero una caja de pañuelos!
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