sábado, 3 de octubre de 2015

La verdad del sueño infantil

Últimamente me hace mucha gracia cuando escucho la frase "me gustaría dormir como un bebé". Pienso que esa frase sólo la puede decir alguien que no ha tenido hijos.

Es una de las cosas que más me ha sorprendido de la maternidad y no me refiero a que no supiera que el primer mes de vida e incluso el segundo, mi bebé no fuera a tener despertares nocturnos  (teta, cambios de pañal, etc), sino a que después de un año y posiblemente de dos y tres, estos despertares que yo pensaba que desaparecerían en breve, iban a acontinuar durante muuuuucho tiempo incluso a empeorar . Hasta me regalaron un libro estando embarazada sobre el sueño del bebé (método Stivill (buajjjjjjj)), y recuerdo que en su día no le presté la más mínima atención pensando en que podría aguantar un par de meses perfectamente sin dormir 8 horas seguidas. Bueno, hoy en día si llego a saber de ante mano de qué iba ese libro, arde en la hoguera.

Cuatro meses después en los que Laura continuaba despertándose cada dos o tres horas, a veces incluso a cada hora, empecé a deborar libros sobre el sueño infantil pensando que algo no iba bien.

Y es que cuando durante toda la vida has oído que los bebés de todo el mundo duermen prácticamente del tirón sobre el tercer mes, te crees que el tuyo será igual. Y yo  me preguntaba ¿Qué hace la gente con su hijo para que algo tan normal como es el despertar nocturno, no se produzca? Pues ahí está la cuestión, que sí se produce. En todos y cada uno de ellos.

Sí, debe haber un mínimo porcentaje que ha tenido la suerte de que su bebé duerma 10 horas seguidas desde el primer día, y se vuelva a dormir solito cada vez que se produce ese microdespertar, pero eso no es lo que abunda, porque simplemente va contra la naturaleza.

Una vez leí de Carlos González que comentaba que si todos los niños hubiesen dormido así de bien, ahora mismo posiblemente yo no estaría escribiendo esto, puesto que cualquier bicho de la selva se habría comido a cualquier bebé que no se hubiera despertado a menudo y llorado al ver que su madre no estaba a su lado. El ser humano se habría extiguido.

Y aunque pensar en eso no me consolaba a las 5h de la mañana cuando Laura decidía que ya no se dormía más, es cierto que sí me hace llevarlo mejor el pensar que es algo normal.

Por supuesto estarán los padres (espero que también sea un porcentaje mínimo) que han utilizado el método Stivill. Esos que creen que sus hijos duermen bien, pero en realidad han aprendido a llorar en silencio. En fin...

Por otro lado están los pobres bebés que por las razones que sea no han visto una teta en su vida. Estos se despiertan, cogen el chupete si se les ha caído y a seguir durmiendo. No echas de menos lo que no has conocido.

Laura lleva casi 13 meses sin dormir una sola noche del tirón, y yo con ella (parece que me estoy presentando en un centro de  "insomnes anónimos"). Hubo un tiempo que pensé que este ritmo no lo aguantaría mucho tiempo (de hecho alguna neurona me he dejado por el camino). Es más, hubo un tiempo en el que pensé que esto de no dormir por las noches a mi nunca me iba a pasar. Algún día hablaré de mis "yo nunca..." pero este desde luego me ha dado en toda la fente.

Y ¿entonces? ¿qué me ha hecho cambiar de opinión? ¿qué me ha hecho relativizarlo todo y no morir en el intento?

Pues una vez más, mirar a la cara de ese tesorito y darme cuenta de lo felíz que es dejándole ser lo que es, un bebé de mucha demanda que sólo busca el contacto contínuo con su madre para poder dormir.

Saber que el tiempo pasa volando, que ya tiene un añito y que cuando me quiera dar cuenta estaré echando de menos sentirla acurrucarse a mi lado (o encima de mí) y notar como palpa con su manita para saber que sigo ahí y continuar durmiendo.

Hacerle sentir, en definitiva, que SIEMPRE me tendrá ahí. Por supuesto para lo bueno, pero sobre todo, para lo malo...



















viernes, 11 de septiembre de 2015

Historia de un parto

Siempre me ha gustado leer las historias de los partos de otras mujeres, sobre todo cuando estaba embarazada (sí, soy un poco masoca) y sin embargo nunca me había planteado contar el mío. Pero esto de ser bloggera es lo que tiene XD.

Me hubiese gustado sacar la entrada el día 5 de septiembre, que justo fue cuando la bicheja hizo un año, pero entre que estuvieron por casa unos días su yayo y su SUPERtita festejándolo por todo lo alto y que yo llevo unas noches durmiendo regular (ya hablaré sobre lo que opino del sueño infantil), no ha sido hasta hoy que me he animado.

Todo empezó el 4 de septiembre a media tarde (sobre las 18h) mientras estábamos el papá de la criatura y yo haciendo una tarjeta de cumple para su tita, que por cierto cumple años ¡en 3 días!. Lo cierto es que nos estaba quedando tan graciosa que pensé que me estaba meando de la risa literalmente. Claro, al cuarto de hora de no parar de "mearme" y ya sin risas, empezó a no ser normal. Aun así, yo, ni corta ni perezosa le dije al papi que en el último trimestre anda una con el muelle un poco flojo, así que mejor íbamos a comprar unas cosas al chino para terminar la tarjeta y ver si se me pasaba (toma ya).

Volviendo de comprar empecé a empapar el vestido que llevaba. Papá, muy serio, me dijo, "no puedes tener la vejiga tan grande..." jajaja.

Y es que cuando una no quiere ver, no ve, pero aún así era más que evidente que tenía una fisura en la bolsa y por eso iba perdiendo líquido poco a poco. A todo esto, decir que salía de cuentas justo al día siguiente, el día 5.

Al llegar al hospital  y hacerne el primer tacto me dijerton que efectivamente había roto la bolsa y que estaba dilatada ¡de 2 cm! ¡Y yo sin notar ni una contracción! Pensé que esto iba a ser pan comido (ilusa de mi). Creo que hasta entonces no me había dado cuenta de que mi vida ya nunca volvería a ser la que era... nos quedamos ingresados en observación.

Las contracciones empezaron sobre las 22h, pero fue sobre las 23h cuando ya comenzaron a ser más fuertes y regulares. Más o menos sobre las 24h me pasaron a una habítación individual de paritorio. Estaba oficialmente de parto.

Mi idea desde el principio era parir con la menor intervención posible. No quería ni oxitocina, ni epidural, ni episiotomía, ni nada que pudiera alterar mínimamente el ritmo de nacimiento de mi bebé, pero tristemente no pudo ser así.

A pesar de toooooodo lo que leí y sé del tema y sobre todo de lo consciente que era de que todas las mujeres estamos preparadas para parir por nosotras mismas, cuando viene una matrona y te dice en esos momentos en los que te sientes tan vulnerable "no has dilatado nada en las últimas 4 horas, tus contracciones no están siendo efectivas así que te deberíamos poner oxitocina", se te cae el mundo encima.

Hasta entonces pude más o menos aguantar bien el dolor, pero con la oxitocina era demasiado. Aun así me negé a la epidural. Quería sentir cada contracción junto con mi bebé, quería sentir perfectmente el momento en que Laurita salía de mí y ayudarle lo máximo posible a hacerlo, pero nuevamente, cuando dos horas después llega una anestesista justo en el momento en el que te sientes tan débil y cansada y te dice: "si quieres la epidural tiene que ser ahora, me voy a una urgencia y si más tarde la pides, ya no te la podré poner", se te cae doblemente el mundo a los pies. No sabía cuánto tiempo más podría aguantar ese dolor...

Pero finalmente todo tuvo su lado bueno (o así quise verlo yo). En mi caso, la epidural sirvió para relajarme y en unas dos horas ya estaba completamente dilatada. La cara que puso papá cuando le dijeron, "mira, ¿quieres ver la cabecita de tu hija?", no tuvo precio. Y la siguiente frase, "pasamos a paritorio", me hizo llorar de emoción. Es increible, aún hoy lloro al recordarlo...

Lo demás vino rodado. Me debieron de poner poca epidural porque podía notar cuándo me llegaba la contracción. Las matronas me guiaron con cada respiración (nunca les agradeceré lo suficiente lo bien que me hicieron sentir) y me pusieron un espejo para poder ver a mi peque salir... ¡impresionante! Además de evitarme la tal temida episiotomia.

Y por supuesto, ahí estaba papá, a mi izquierda, animándome en cada empuje cuando llegaba la contracción.

Todo eso (junto con mis buenos abdominales) hizo que en 20 minutos (a las 9:20h de la mañana) me puesieran encima del pecho la cosa más bonita que había visto jamás. Nunca olvidaré esa mirada que hizo que casi al momento no recordara todo el dolor y cansancio por el que pasé.





Así es como llegaste al mundo, Laura, y así es como desde entonces, ya nunca me pude separar de ti...












martes, 1 de septiembre de 2015

¡Bienvenidos a mi familia bichillus!

Antes de nada me presento. Soy Conchi, mamá de una niña preciosa llamada Laura.

En este espacio virtual iré contando cómo va creciendo mi pequeña bichita de ya casi un añito (el 5 de Septiembre) y de cómo ha ido cambiando mi visión de la maternidad casi desde el momento en que supe que estaba embarazada y aún hoy sigue cambiando a medida que la peque va creciendo y descubriendo el mundo.

Hace bastante tiempo que llevo dándole vueltas a la idea de escribir sobre el torbellino de sensaciones que me inunda desde que llegó a nuestra vida, pero no tenía muy claro cómo hacerlo y lo iba dejando pasar. Últimamente la miro y me entra un desasosiego enorme cada vez que pienso que no se acordará de estos primeros años de su vida en la que la veo crecer tan sana, contenta y feliz... así que, me lié la manta a la cabeza ¡y que sea lo que dios quiera!




En cierto modo este blog también intentará ser un regalo para ella cuando sea mayor y quién sabe si para que saque alguna idea de cuando tenga sus propios hijos.

También me gustaría centrarme en contar una filosofía de maternidad basada en el método Montessori y en lo que me dice mi instinto que debería ser la crianza con apego. Contar las actividades que vayamos haciendo en casa (manualidades, juegos, pelis interesantes para los peques, libros, comidas, ...)

En definitiva, os abro una pequeña ventanita a mi familia y si alguien termina sacando alguna idea de todo esto, ¡bienvenida sea!

Espero que os guste ;)