viernes, 11 de septiembre de 2015

Historia de un parto

Siempre me ha gustado leer las historias de los partos de otras mujeres, sobre todo cuando estaba embarazada (sí, soy un poco masoca) y sin embargo nunca me había planteado contar el mío. Pero esto de ser bloggera es lo que tiene XD.

Me hubiese gustado sacar la entrada el día 5 de septiembre, que justo fue cuando la bicheja hizo un año, pero entre que estuvieron por casa unos días su yayo y su SUPERtita festejándolo por todo lo alto y que yo llevo unas noches durmiendo regular (ya hablaré sobre lo que opino del sueño infantil), no ha sido hasta hoy que me he animado.

Todo empezó el 4 de septiembre a media tarde (sobre las 18h) mientras estábamos el papá de la criatura y yo haciendo una tarjeta de cumple para su tita, que por cierto cumple años ¡en 3 días!. Lo cierto es que nos estaba quedando tan graciosa que pensé que me estaba meando de la risa literalmente. Claro, al cuarto de hora de no parar de "mearme" y ya sin risas, empezó a no ser normal. Aun así, yo, ni corta ni perezosa le dije al papi que en el último trimestre anda una con el muelle un poco flojo, así que mejor íbamos a comprar unas cosas al chino para terminar la tarjeta y ver si se me pasaba (toma ya).

Volviendo de comprar empecé a empapar el vestido que llevaba. Papá, muy serio, me dijo, "no puedes tener la vejiga tan grande..." jajaja.

Y es que cuando una no quiere ver, no ve, pero aún así era más que evidente que tenía una fisura en la bolsa y por eso iba perdiendo líquido poco a poco. A todo esto, decir que salía de cuentas justo al día siguiente, el día 5.

Al llegar al hospital  y hacerne el primer tacto me dijerton que efectivamente había roto la bolsa y que estaba dilatada ¡de 2 cm! ¡Y yo sin notar ni una contracción! Pensé que esto iba a ser pan comido (ilusa de mi). Creo que hasta entonces no me había dado cuenta de que mi vida ya nunca volvería a ser la que era... nos quedamos ingresados en observación.

Las contracciones empezaron sobre las 22h, pero fue sobre las 23h cuando ya comenzaron a ser más fuertes y regulares. Más o menos sobre las 24h me pasaron a una habítación individual de paritorio. Estaba oficialmente de parto.

Mi idea desde el principio era parir con la menor intervención posible. No quería ni oxitocina, ni epidural, ni episiotomía, ni nada que pudiera alterar mínimamente el ritmo de nacimiento de mi bebé, pero tristemente no pudo ser así.

A pesar de toooooodo lo que leí y sé del tema y sobre todo de lo consciente que era de que todas las mujeres estamos preparadas para parir por nosotras mismas, cuando viene una matrona y te dice en esos momentos en los que te sientes tan vulnerable "no has dilatado nada en las últimas 4 horas, tus contracciones no están siendo efectivas así que te deberíamos poner oxitocina", se te cae el mundo encima.

Hasta entonces pude más o menos aguantar bien el dolor, pero con la oxitocina era demasiado. Aun así me negé a la epidural. Quería sentir cada contracción junto con mi bebé, quería sentir perfectmente el momento en que Laurita salía de mí y ayudarle lo máximo posible a hacerlo, pero nuevamente, cuando dos horas después llega una anestesista justo en el momento en el que te sientes tan débil y cansada y te dice: "si quieres la epidural tiene que ser ahora, me voy a una urgencia y si más tarde la pides, ya no te la podré poner", se te cae doblemente el mundo a los pies. No sabía cuánto tiempo más podría aguantar ese dolor...

Pero finalmente todo tuvo su lado bueno (o así quise verlo yo). En mi caso, la epidural sirvió para relajarme y en unas dos horas ya estaba completamente dilatada. La cara que puso papá cuando le dijeron, "mira, ¿quieres ver la cabecita de tu hija?", no tuvo precio. Y la siguiente frase, "pasamos a paritorio", me hizo llorar de emoción. Es increible, aún hoy lloro al recordarlo...

Lo demás vino rodado. Me debieron de poner poca epidural porque podía notar cuándo me llegaba la contracción. Las matronas me guiaron con cada respiración (nunca les agradeceré lo suficiente lo bien que me hicieron sentir) y me pusieron un espejo para poder ver a mi peque salir... ¡impresionante! Además de evitarme la tal temida episiotomia.

Y por supuesto, ahí estaba papá, a mi izquierda, animándome en cada empuje cuando llegaba la contracción.

Todo eso (junto con mis buenos abdominales) hizo que en 20 minutos (a las 9:20h de la mañana) me puesieran encima del pecho la cosa más bonita que había visto jamás. Nunca olvidaré esa mirada que hizo que casi al momento no recordara todo el dolor y cansancio por el que pasé.





Así es como llegaste al mundo, Laura, y así es como desde entonces, ya nunca me pude separar de ti...












4 comentarios:

  1. Madre mía, qué recuerdos más chulos. Inolvidable :'-)

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  2. Jolin... Qué bonito... Cuando me he dado cuenta de que necesitaba un pañuelo, ya era tarde, no podía parar de leer (a pesar de que ya me sabía la historia perfectamente)!!

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  3. Jolin... Qué bonito... Cuando me he dado cuenta de que necesitaba un pañuelo, ya era tarde, no podía parar de leer (a pesar de que ya me sabía la historia perfectamente)!!

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  4. Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.

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